El amor como respuesta química

La base química del amor podemos encontrarla en una hormona, la oxitocina, llamada la hormona del amor. Ésta se segrega en situaciones no sólo de amor entendido como amor romántico, de pareja, sino para establecer un vínculo muy potente con las crías, por ejemplo. La oxitocina se libera en grandes cantidades cuando una hembra amamanta  a sus cachorros, lo que hace que ese vínculo que se genera sea tan potente que la hembra quiera proteger a su camada ante cualquier situación.

Cuando un perro recibe una caricia por parte de su dueño, en su organismo se libera también oxitocina y el perro se siente querido, experimenta amor.

Pero esto también sucede entre perros, por lo que el amor entre ellos sí se produce. Por este motivo, los perros se alegran de ver más a unos determinados “amigos perrunos” que a otros, ya que en función de la relación que se haya formado entre ellos y la confianza que tengan, habrá un vínculo mayor o menor.

¿Pueden experimentar amor de pareja?

En la naturaleza, el lobo gris por ejemplo, sí forma una pareja estable. En cambio los perros no tienen una única pareja, como sucede con otras especies, que se emparejan para toda la vida e incluso llegan a fallecer de tristeza cuando el otro miembro de la pareja fallece. Los perros se emparejan para el momento del apareamiento, pero pueden tener muchas parejas a lo largo de su vida reproductiva. Esto no impide que puedan sentir una “conexión especial” con otro individuo de su misma especie. ¿Cuántas veces hemos oído que un perro se lamenta al separarse de su amiga preferida en el parque? ¿O que se alegra especialmente cuando la vuelve a ver? Esto es lo que comentábamos más arriba, por la liberación de oxitocina, que es mayor cuando un animal establece una relación más intensa con otro de su misma especie porque juegan, se entienden en su forma de interactuar y pasan un tiempo agradable juntos.

Asimismo, nuestro perro puede sentir amor hacia nosotros, una vez más, no amor romántico, pero sí un amor familiar, de manada, ya que consideran que formamos parte de su vida. Ellos sienten amor cuando les acariciamos, cuando salimos a jugar con ellos o cuando les hablamos.

Por esto, podemos concluir que los perros sí se enamoran, aunque no en el sentido que entendemos nosotros, los humanos, como amor de pareja.

Published by Paula Gimeno

EXPERIENCIA Licenciada en veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid en 2008, me he dedicado desde entonces a la clínica de pequeños animales, donde mi especial interés ha sido la medicina interna, así como la cirugía. MI RELACIÓN CON LOS PERROS Desde que tengo uso de razón, los perros han sido mi pasión. Supe que quería ser veterinaria muy pequeña y así poder dedicarme a lo que más me llena, ya que mi compromiso con su cuidado y bienestar es absoluto. Actualmente convivo con 2 perros, una hembra de 7 años de raza Chihuahua y un macho de 13 años de raza Bulldog francés, además de 2 gatos comunes europeos, de 11 y 9 años, por los que siento también absoluta adoración.

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